martes, junio 19, 2007

Chile en la Documenta 12


Este año se realiza la que quizás sea la más importante exposición de arte contemporáneo del mundo, la Documenta XII; desde el 16 de Junio, y hasta el 23 de Septiembre, la pequeña ciudad de Kassel se transforma en un escaparate privilegiado para enterarse de lo que está pasando en el mundo del arte, sus preocupaciones, tendencias, debates, preguntas y respuestas. Este año la discusión más mediática ha sido la protagonizada por el chef catalán Ferrán Adrià, invitado a participar por el curador y director artístico de la Documenta de este año, Roger M. Buergel. Los detractores alegan que un cocinero no tiene nada que hacer en una exposición de arte; los que lo apoyan, hablan acerca de la condición de arte de las innovadoras y experimentales recetas del chef. Artista o no, la verdad es que el debate ha llenado páginas de diarios, promoviendo la exposición y haciéndola llegar a un público al que probablemente nunca antes había llegado; una jugada maestra. Algunos articulos y reacciones aqui, aquí, y tambien aqui. El artista guardó secretamente su intervención, sumando expectación a la ya poco previsible participación del cocinero; el desvelamiento del misterio fue ‘sorprendente por lo simple’, según las propias palabras del chef: una Mesa Documenta en su restaurante El Bulli, en el que durante los cien días de la exposición, la organización de la feria enviará a dos comensales para que disfruten del menú degustación del restaurante ubicado en el pueblito de Roses, en la Costa Brava catalana; alojamiento, menú y desplazamiento será costeado por la Documenta; sequen sus cuentas y calculen si la inversión vale la pena; costo-beneficio que le llaman.
Y aquí la primera sorpresa: el primer invitado, el que inaugura la mesa Documenta es el artista chileno radicado en Australia Juan Dávila, que también está invitado a participar con obra en la exposición; Dávila es uno de los tres chilenos presentes en la Documenta; los otros dos son Gonzalo Díaz y Lotty Rosenfeld; y aquí la segunda sorpresa: esta última artista chilena también ha aparecido en la prensa internacional porque una brigada de limpieza borró su obra pensando que era una gamberrada; Rosenfeld reprodujo su obra “Una milla de cruces sobre el pavimento” en una calle de Kassel, pero la obra fue limpiada por unos barrenderos que no la reconocieron como tal. Vaya paradoja, la obra de arte se hace visible por su invisibilización, los desaparecidos de la dictadura reaparecen a través de un retorcido juego de casualidades y equívocos. El arte chileno se muestra al mundo a través de caminos insospechados.

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2 Comments:

Anonymous Andrés said...

Esto me recuerda que en septiembre de 1973, el instituto de Arte de la UCV pintó una serie de murales abstractos en los cerros de Valparaíso y los militares para el día del Golpe pensaron que eran acciones de protesta. Se prohibió. El proyecto se retomó en la década del 90 convirtiéndose en el Museo a Cielo Abierto de Valparaíso.

12:21 a. m.  
Blogger Patricio said...

Las obras de arte creo yo, estan siempre en un límite inestable, entre ser frágiles y delicadas, o altamente subversivas; es una doble condición que, según las circunstancias, y dependiendo quien mire, las transforma en una cosa u otra, o en las dos a la vez; o en ninguna, dejame decir, cuando no hay 'materia'.
Creo que la obra de Lotty Rosenfeld, es una obra que tiene un contexto concreto y preciso; al desvincularla de este contexto, se transforma en una recreación frágil y delicada, una mancha en el suelo a ser barrida, pero ya no por su condición subersiva, como si lo fueron los murales de Valpo a los que hacer referencia, o las cruces dibujadas clandestinamente durante la dictadura, si no porque se han transformado en algo frágil y efímero: Yo creo que la artista debería sacar sus conclusiones respecto a lo que ha pasado con su obra, más allá de las quejas en contra de la organización, con motivo por lo demás; debería darle una vuelta a lo que ha pasado al re-poner esta obra de emergencia, en un contexto completamente distinto y domesticado: el de una feria de arte consagrada y reputada. Quizás estos trabajos solo se sostienen en la medida que el contexto social y político las sostenía, y uno puede preguntarse, en este sentido: tenía sentido volver a repetir esta acción en este contexto? No debería la artista haber planteado un trabajo con otras caracrerísticas? Gracias por tu comentario Andrés.

3:56 p. m.  

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